¿Por qué necesito tanto la aprobación de los demás? ¿Cómo se empieza a vivir sin necesidad de aprobación?

¿Te descubres pensando demasiado en lo que los demás van a pensar de ti?

Quizá antes de tomar una decisión necesitas saber qué opinan los demás. O después de una conversación le das vueltas durante horas pensando si habrás dicho algo que no debías. Puede que te cueste decir que no, incluso cuando no quieres hacer algo, porque la posibilidad de decepcionar a alguien te genera malestar.

A veces incluso recibes un reconocimiento y, en lugar de disfrutarlo, necesitas que vuelva a ocurrir. Que te digan que lo has hecho bien. Que estás haciendo lo correcto. Que eres buena profesional, buena madre, buena pareja, buena amiga.

Y cuando no recibes esa confirmación, aparece la duda.

¿Lo estaré haciendo bien?

La necesidad de aprobación puede estar tan integrada en nuestra manera de relacionarnos que muchas veces ni siquiera somos conscientes de ella. Simplemente pensamos que somos consideradas, responsables o que nos importa demasiado lo que piensen los demás.

Pero ¿qué ocurre cuando la mirada de los demás empieza a determinar cómo te sientes contigo misma?

Cuando sentirte bien contigo depende de cómo te ven los demás

Necesitar que los demás nos acepten no es algo extraño ni necesariamente negativo. Somos seres sociales y necesitamos sentirnos vinculados, queridos y reconocidos.

El problema aparece cuando esa necesidad deja de ser una parte natural de nuestras relaciones y se convierte en una condición para sentirnos bien con nosotras mismas.

Cuando necesitas que alguien apruebe una decisión para poder confiar en ella.

Cuando un comentario negativo pesa mucho más que diez positivos.

Cuando decir que no te genera culpa.

Cuando haces algo que no quieres hacer porque te da miedo decepcionar.

Cuando expresas una opinión y después necesitas comprobar que nadie se ha enfadado contigo.

O cuando consigues algo importante y, en lugar de preguntarte si tú estás satisfecha, buscas inmediatamente la reacción de los demás.

En esos casos, quizá no estés buscando simplemente aceptación.

Quizá estés buscando fuera la confirmación de que eres suficiente.

Y eso puede resultar agotador, porque la aprobación nunca permanece. Hoy alguien te dice que lo has hecho bien y mañana puede cuestionar una decisión tuya. Hoy te sientes aceptada y mañana alguien puede desaprobarte.

Si tu bienestar depende de esa mirada externa, necesitas volver a conseguirla una y otra vez.

¿Por qué necesitamos tanto que los demás nos aprueben?

La necesidad de aprobación también tiene una historia.

No aparece de la nada ni significa que seas una persona insegura por naturaleza. Nuestra forma de relacionarnos con los demás y con nosotras mismas se va construyendo a lo largo de nuestra historia.

Quizá aprendiste que hacer las cosas bien era una manera de recibir reconocimiento. Quizá sentiste que cuando cumplías las expectativas de los demás eras más valorada o que cuando no dabas problemas todo funcionaba mejor.

Puede que hayas aprendido a estar muy pendiente de cómo se sienten los demás, a anticiparte a sus necesidades o a evitar cualquier conflicto.

Y poco a poco, sin darte cuenta, puedes acabar asociando tu tranquilidad a que todo el mundo esté bien contigo.

Si están contentos conmigo, estoy tranquila.

Si están enfadados, pienso que he hecho algo mal.

Si me aprueban, puedo confiar en mí.

Por eso, trabajar la necesidad de aprobación no consiste simplemente en aprender a que te dé igual lo que piensen los demás. Se trata de comprender qué has aprendido sobre el valor, el rechazo, el conflicto y la aceptación.

¿Cuándo empiezas a vivir para no decepcionar?

Hay una diferencia importante entre tener en cuenta a los demás y vivir pendiente de no decepcionarlos.

Puedes escuchar una opinión y después tomar tu propia decisión. Puedes querer a alguien y no estar de acuerdo con esa persona. Puedes decir que no y seguir siendo una buena persona.

Pero cuando tu prioridad es evitar que los demás se enfaden, se decepcionen o piensen mal de ti, tus propias necesidades empiezan a ocupar cada vez menos espacio.

Y puede que ni siquiera lo notes.

Dices que sí cuando querías decir que no.

Aceptas planes que no te apetecen.

Te adaptas constantemente.

Evitas conversaciones incómodas.

Te cuesta poner límites.

Cambias de opinión para evitar un conflicto.

Y, con el tiempo, puede aparecer una sensación extraña: estás haciendo muchas cosas por los demás, pero cada vez sabes menos qué quieres tú.

Porque cuando pasas mucho tiempo preguntándote “¿qué necesitan de mí?”, puedes acabar dejando de preguntarte “¿qué necesito yo?”.

Dejar de buscar aprobación no significa dejar de necesitar a los demás

Aquí hay una diferencia importante.

No se trata de dejar de necesitar a otras personas. No necesitamos convertirnos en personas completamente independientes, que no esperan nada de nadie y a las que no les afecta la opinión de los demás.

Las relaciones importan. El afecto importa. Sentirnos queridas y reconocidas también.

Dejar de buscar aprobación no significa dejar de necesitar a los demás. Significa dejar de necesitar que los demás te confirmen cuánto vales.

La cuestión no es conseguir que nunca te importe lo que piensen de ti.

Es poder escuchar una opinión sin que esa opinión determine cómo te ves.

Poder aceptar que alguien puede no estar de acuerdo contigo y seguir confiando en tu decisión.

Poder decepcionar a alguien sin sentir que has dejado de ser suficiente.

Y poder recibir reconocimiento sin necesitarlo para saber que aquello que haces tiene valor.

¿Cómo se empieza a vivir sin necesidad de aprobación?

El primer paso no suele ser aprender a decir que no a todo ni intentar dejar de pensar en la opinión de los demás.

Empieza por observar.

¿Qué decisiones tomas pensando primero en lo que esperan de ti?

¿En qué situaciones te cuesta más decir que no?

¿Qué sientes cuando alguien desaprueba algo que haces?

¿Te resulta más fácil saber qué necesitan los demás que saber qué necesitas tú?

¿Hasta qué punto tu forma de valorarte depende de sentir que estás haciendo las cosas bien para los demás?

Estas preguntas pueden ayudarte a identificar algo que quizá hasta ahora había pasado desapercibido como cuántas decisiones de tu vida están realmente elegidas por ti y cuántas están condicionadas por el miedo a decepcionar.

Y después viene una parte más profunda: aprender a tolerar que no siempre vas a gustar, que algunas personas pueden enfadarse contigo y que puedes tomar decisiones que los demás no entiendan.

No porque los demás dejen de importarte.

Sino porque tú también empiezas a importarte dentro de tus propias decisiones.

Tu valor no depende de que los demás lo reconozcan

Quizá llevas mucho tiempo buscando fuera una seguridad que necesitas empezar a construir dentro.

No significa que dejes de escuchar. No significa que dejes de cuidar. No significa que te conviertas en alguien que ya no necesita a nadie.

Significa que poco a poco puedas relacionarte con los demás desde un lugar diferente: desde el vínculo y el cariño, no desde la necesidad constante de demostrar que mereces ser querida, aceptada o valorada.

Porque quizá la pregunta no sea:

“¿Cómo consigo que los demás me aprueben menos?”

Sino:

“¿Qué necesito para poder confiar más en mí, incluso cuando los demás no me aprueban?”

Comprender de dónde viene esa necesidad puede ser el primer paso para empezar a responderla de otra manera.

No necesitas dejar de mirar a los demás. Necesitas volver a incluirte a ti en esa mirada.

Si sientes que gran parte de tu tranquilidad depende de agradar, cumplir o no decepcionar a los demás, podemos empezar por comprender qué hay detrás de esa necesidad.

Lo descubrimos juntas.

Para comprenderte un poco más

No tienes que seguir sosteniéndolo todo sola.

Comprender es el primer paso para vivir de otra manera. Aquí encontrarás un espacio para recorrer ese camino acompañada.