Por qué siento que nunca soy suficiente? Cuando la autoexigencia deja de ser una virtud
Hay mujeres que viven con la sensación de que siempre podrían hacerlo un poco mejor.
Trabajan, cuidan, cumplen, se responsabilizan, están pendientes de todo. Intentan hacerlo bien. Ser buenas profesionales, buenas madres, buenas parejas, buenas amigas. Estar disponibles. Llegar a todo.
Y, aun así, cuando consiguen algo, apenas tienen tiempo para disfrutarlo antes de pensar en lo siguiente que deberían mejorar.
Si descansan, sienten que deberían estar haciendo algo.
Si cometen un error, se lo reprochan durante días.
Si reciben un reconocimiento, lo relativizan.
Y si alguien les dice que lo están haciendo bien, una parte de ellas piensa: “Sí, pero podría hacerlo mejor.”
Entonces aparece una pregunta que puede resultar difícil de reconocer: ¿Por qué siento que nunca soy suficiente?
Cuando exigirte más deja de ayudarte
La autoexigencia no es necesariamente algo negativo.
Querer hacer las cosas bien, esforzarse, tener objetivos o intentar mejorar puede ser una fuente de motivación. El problema aparece cuando esa exigencia deja de ser una elección y se convierte en la única forma que conocemos de relacionarnos con nosotras mismas.
Cuando nunca hay suficiente.
Cuando el descanso tiene que ganarse.
Cuando equivocarse significa sentirse mal consigo misma.
Cuando alcanzar un objetivo no produce satisfacción, sino simplemente una nueva exigencia.
En ese momento, la autoexigencia conocida como autoexigencia destructiva puede dejar de ser una virtud y empezar a convertirse en una fuente constante de malestar.
Porque ya no se trata de querer mejorar. Se trata de sentir que tienes que demostrar continuamente que eres suficiente.
¿Por qué necesito hacerlo todo bien?
A veces pensamos que nuestra autoexigencia excesiva habla de cómo somos: “Soy así. Siempre he sido muy perfeccionista.”
Pero nuestra forma de exigirnos también tiene una historia.
Quizá aprendiste muy pronto que hacer las cosas bien era una forma de recibir reconocimiento.
Quizá descubriste que cuando cumplías las expectativas de los demás te sentías más segura, más querida o más valorada.
Quizá te acostumbraste a anticiparte a las necesidades de los demás, a no molestar, a no equivocarte o a intentar tenerlo todo bajo control.
Y poco a poco, casi sin darte cuenta, empezaste a construir una relación contigo misma basada en el rendimiento.
Hago → valgo.
Cumplo → soy suficiente.
Ayudo → me necesitan.
Lo hago bien → merezco reconocimiento.
El problema es que, cuando nuestro valor depende de lo que hacemos, nunca terminamos de llegar.
Siempre habrá algo pendiente.
Algo que mejorar.
Alguien a quien cuidar.
Una expectativa que cumplir.
La sensación de no ser suficiente no siempre tiene que ver con lo que haces
Puedes estar haciendo muchísimo y seguir sintiendo que no haces suficiente.
Puedes tener una carrera profesional que funciona y pensar que deberías haber llegado más lejos.
Puedes cuidar de tu familia cada día y sentir culpa por no hacerlo mejor.
Puedes tener una relación estable y preguntarte constantemente si estás dando lo suficiente.
Puedes recibir reconocimiento y, aun así, necesitar que alguien vuelva a decirte que lo estás haciendo bien.
Porque quizá la cuestión no sea cuánto haces.
Quizá tenga más que ver con desde dónde has aprendido a medir tu valor.
Y esto cambia mucho la pregunta. Ya que cambiamos el ¿Qué tengo que hacer para sentirme suficiente? por ¿Por qué necesito hacer tanto para sentir que soy suficiente?
Cuando descansar también genera culpa
Una de las señales más frecuentes de una autoexigencia que empieza a pesar es la dificultad para parar.
Sabes que estás cansada.
Sabes que necesitas descansar.
Pero cuando por fin tienes un momento para ti, aparece la sensación de que deberías aprovecharlo para hacer algo.
Ordenar.
Trabajar.
Contestar mensajes.
Organizar.
Avanzar.
Como si descansar fuera una pérdida de tiempo.
Como si parar significara estar haciendo menos de lo que deberías.
Y entonces incluso el descanso deja de ser reparador.
Porque físicamente estás parada, pero mentalmente sigues evaluándote.
¿Estoy haciendo suficiente?
¿Debería estar haciendo otra cosa?
¿Estoy aprovechando bien mi tiempo?
Vivir así durante mucho tiempo puede acabar generando agotamiento, frustración y una sensación profunda de desconexión de una misma.
¿Cómo trabajar la autoexigencia destructiva?
Trabajar la autoexigencia no consiste simplemente en decirte “tienes que relajarte más” o “deja de exigirte tanto”.
Si fuera tan sencillo, probablemente ya lo habrías hecho.
La cuestión es comprender qué función cumple esa exigencia en tu vida.
Qué intentas conseguir cuando necesitas hacerlo todo bien.
Qué temes que ocurra si decepcionas a alguien.
Qué significa para ti equivocarte.
Qué lugar ocupa la aprobación de los demás.
Y, sobre todo, qué has aprendido sobre lo que tienes que hacer para sentir que eres suficiente.
Porque cuando comprendemos el origen de una forma de relacionarnos con nosotras mismas, podemos empezar a cuestionarla.
No para convertirnos en otra persona.
No para dejar de ser responsables, comprometidas o exigentes con aquello que nos importa.
Sino para poder elegir desde dónde queremos vivir.
No necesitas hacer más para ser suficiente
Quizá llevas mucho tiempo intentando conseguir, a través de lo que haces, una sensación que ninguna cantidad de esfuerzo puede darte.
Quizá no necesitas ser más productiva.
Ni más fuerte.
Ni más perfecta.
Quizá necesitas empezar a construir una relación contigo misma en la que tu valor no dependa constantemente de lo que consigues, de lo que das o de la aprobación que recibes.
Porque no se trata de hacer menos por obligación.
Se trata de dejar de sentir que tienes que hacerlo todo para merecer sentirte bien contigo.
Y quizá ahí empieza una pregunta diferente:
¿Qué pasaría si no tuvieras que demostrar nada para sentir que eres suficiente?
¿Sientes que nunca es suficiente, aunque objetivamente estés haciendo muchísimo?
Comprender de dónde viene esa exigencia puede ser el primer paso para empezar a relacionarte contigo de otra manera, se que no es fácil, pero lo podemos descubrir juntas.
Para comprenderte un poco más
No tienes que seguir sosteniéndolo todo sola.
Comprender es el primer paso para vivir de otra manera. Aquí encontrarás un espacio para recorrer ese camino acompañada.



